Vamos para cuatro años de que Andrés Manuel López Obrador, como jefe de Gobierno de la ciudad de México dejó de serlo para competir por la presidencia de la República.
En ese andar, propuso por diferentes cuestiones a Marcelo Ebrad como un sucesor congruente a la Jefatura de Gobierno en esta ciudad, pero tal parece no lo es hoy en día.
AMLO fue cuestionado y hasta lo desaforaron por tomar iniciativas con base legal para la mejoría de los habitantes de la Ciudad de México.
Se tuvieron que realizar diferentes acciones en apoyo por el segundo piso del periférico, pero éste nunca habló de cobrar peaje por usarlo.
Se estigmatizaron a muchos que estuvieron en las licitaciones de las obras y hasta los acusaban de cómplices del mal uso del recurso, cosa que jamás comprobaron quienes dijeron tal situación.
Hoy Marcelo Ebrad Casaubon, dejó muy clara sus intenciones de manera burda, necesita recursos económicos para su campaña a la presidencia, es por eso que lucha para obtener licitaciones a favor de la iniciativa privada y de ahí se sustentará económicamente para contender contra AMLO. Quiere cobrar peaje por usar una alternativa vial y poner un trenecito dentro del Centro Histórico, sin olvidar su fraude bicicletero, con cortinas de humo como pistas de hielo, playas, arbolitos de navidad y expos en el Zócalo.
Acuerda a través de su incondicional Camacho Solís, día a día, desprestigiando al PRD Chuchista con alianzas híbridas. Su intención es quitarle la oportunidad a AMLO de volver a contender por la presidencia del país, y le deja en charola de plata el paso a Enrique Peña Nieto para ocupar ese cargo, él siempre ha sabido que contra este candidato va a perder.
Pero los que vamos a perder más con estas iniciativas políticas urbanas incongruentes de quien se dice de izquierda, somos los habitantes de la Ciudad de México, está entregando la ciudad al PRI, por la inconformidad ciudadana, es por eso que no quiere comités vecinales, está desesperado por cumplir sus acuerdos bajo la mesa.
Debemos de exponer nuestra inconformidad por el mal uso y la irresponsabilidad que ha hecho como Jefe de gobierno con estas acciones.
Nosotros lo llevamos a ocupar el cargo, él piensa que ganó por méritos propios, AMLO lo propuso, AMLO es la representación del pueblo, AMLO hizo el trabajo en esta ciudad, por eso avalamos la propuesta de AMLO porque era congruente, sabemos que ahora lo quieren traicionar, pero Marcelo Ebrad no debe olvidar y quedó demostrado, que el pueblo pone “juanitos” y quita “juanitos”
Marcelo Ebrad con su falta de congruencia se convirtió en Juanito
Por: Rafael Luviano
Cuando Esteban Cervantes se lanzó sobre el individuo que disparaba dentro de la estación del Metro Balderas -una de las más concurridas y emblemáticas de la Ciudad de México- seguro que ni pensó que ayudaría a enredar aún más la madeja anímica en la que vive nuestro país. Y seguro no pensó muchas otras cosas, porque aventarse desarmado sobre alguien que dispara no debe ser un acto meditado.
Esteban Cervantes murió acribillado, igual que un policía que cuidaba el andén; Luis Felipe Hernández C., el asesino de perorata iluminada, está preso. Y de episodio aislado, el acto heroico de Cervantes de hace unos días se insertó de inmediato en la narrativa apocalíptica que comienza a dominar algún sector de los opinadores profesionales; narrativa que suma ya varios eslabones.
El secuestro de un avión de Aeroméxico a cargo de otro iluminado, un pastor boliviano que tuvo en vilo al imaginario social durante los minutos que duró el suceso y quien sigue
justificando que lo hizo para prevenir al presidente Calderón de futuros males, incluido un sismo de magnitudes fatales; la detonación de artefactos explosivos frente a diferentes sucursales bancarias en la capital del país; la notoria ausencia de ciudadanos en la celebración del Grito de la Independencia en la vulnerada Morelia; la estampida social que apenas pudo contenerse, cuando decenas de miles de personas abarrotaron un Zócalo capitalino desprotegido, para intentar presenciar el espectáculo de luces con motivo de las fiestas de Independencia; las ejecuciones a manos de comandos armados que se viven en diferentes regiones mexicanas; el rebrote del la Gripe AH1N1; la sequía y las inundaciones, que coexisten; los recortes presupuestales, las indefiniciones de los tomadores de decisión y hasta el retorno del Partido Revolucionario
Institucional o la derrota del Partido Acción Nacional; todo ha servido para alimentar la percepción de que estamos a dos pasos del abismo.
"México está enojado, al borde del estallido social. Los hartazgos ya no se contienen. Las guerrillas se reactivan, o surgen otros grupos armados. Ya no es el riesgo económico, es el riesgo social. Cuestión de minutos para que la pólvora se incendie." Éstas y otras expresiones se suceden con cada vez mayor frecuencia. Empresarios, iglesias, académicos, políticos, líderes sociales, periodistas y comunicadores. Por doquier se escucha que México está a punto del colapso final. Y será sangriento, porque, ¡oh!, el 2010 no puede ser coincidencia: las gestas armadas de 1810 y de 1910 nos deben decir algo.
Los medios se han regodeado en esta narrativa. Titulares, comentarios, la agenda informativa. Sólo esta semana, las portadas de los principales semanarios muestran imágenes de devastación con titulares estridentes. Quien vea las fotografías de vehículos incendiados no sabría si México es ya zona de guerra. El discurso oficial tampoco ayuda: las metáforas bélicas con que se ha bautizado la lucha contra el crimen organizado no permiten siquiera que asomen la cabeza los demás asuntos de
interés para la nación (y el electorado se lo cobró caro al partido en el poder). Luego, la confusión simbólica que genera la repetición ad nauseam de imágenes explícitas en su violencia: la televisión mexicana, en horario estelar, repitió una y otra vez el vídeo tomado de las cámaras del metro en donde se ve con claridad el asesinato, sí, asesinato de Cervantes. Sin pudor, porque esas imágenes no eran la noticia.
México está enojado, o algunos dirían deprimido. Y sin duda, nos hemos excedido, todos los que tenemos acceso a una audiencia, en mostrar o exaltar los acontecimientos. En este ánimo apocalíptico, hay quienes se llenan la boca proclamando el fin del mundo, y en ello son buenos para engarzar sucesos aislados y presentarlos como un continuo inevitable. ¡No pueden ser casualidad tantas cosas que nos suceden!
Ahora, sin embargo, comienza a articularse una voz contraria. Prudencia, se escucha; no invoquen al demonio, sentencian. De tanto hablar de estallido social, lo provocarán, se arguye. Y coincido: debemos ser prudentes. Pero dejar de nombrar las cosas no hará que desaparezcan.
México está enojado, y hay que decirlo. Están sucediendo muchísimas cosas muy graves, y hay que decirlo. No se percibe mucha altura de miras en quienes toman decisiones, y hay que decirlo. Toda democracia requiere de una prensa que no sea complaciente, porque la complacencia también invoca al demonio, aunque lo haga por defecto. El axioma del periodismo se sigue sosteniendo: si en los medios hay sólo buenas noticias, es porque mucha buena gente está en las cárceles.
La insistencia en ciertos asuntos ha tenido sus resultados positivos. Cuando algunos medios de comunicación tomaron como agenda propia el injusto encarcelamiento de la indígena Jacinta Francisco Marcial por supuesto secuestro de seis integrantes de la Agencia Federal de Investigación, la presión también surtió efecto. Jacinta hoy está libre.
No, el pecado no está en nombrar al niño, sino en nombrarlo mal, en no exigir garantías para ese niño, en no contextualizar su existencia. Porque si no, caeremos pronto en manos de la máxima que algunos quisieran que nos rija: México está enojado... pero no se lo digan a nadie. En una de esas, nadie se da cuenta.
Mis ojos
Por: Rafael Luviano
Hace 16 años, siendo periodista de Excélsior –lugar donde laboré durante casi dos décadas– experimenté los días más turbulentos de mi vida. Una experiencia dramática que me privó de la mitad de la vista y que, inexorablemente, como ocurre con quienes hemos sufrido la pérdida de algún órgano del cuerpo, cambió radicalmente mi existencia desde cualquier perspectiva que se le quiera ver.
Lo que me ocurrió, una historia de uno de los casos más sonados de las agresiones a periodistas en la ciudad de México y no resueltos a totalidad, pudo haberle ocurrido a cualquiera que se dedique a este oficio. Que sirva mi testimonio en Forum para evitar esto en lo futuro. Que los responsables una vez saliendo de la cárcel, como es mi caso, no le atosiguen con amenazas, que implique que hasta la familia tenga que emigrar a otros países, como mis hijas Paulina y Mariana quienes aterradas, recibieron estas intimidaciones y tuvieron la necesidad de ausentarse, lejos, casi como en el destierro por la amenaza de la agresión.
Mis ojos, los de otro tiempo, eran dos capulines alertas. Hoy sólo uno recuerda lo que ha visto. En las calles con su tráfago de fiesta o de cortejo mortuorio; en la risa y el llanto; entre los rincones umbríos de una ciudad envejecida de espanto, con sus huesos tan cacareados por tanto merolico en campaña. Ante cada mujer, producto de la invención divina, que deja sembrados sueños como el incendio en secas praderas del deseo. Mi ojo que no existe es un fantasma que todo eso y más evoca con nostalgia.
Cuando decidí ser periodista todo a mi alrededor había cambiado. De algo tenía que servirme haber nacido en esta gran urbe. El encuentro con las voces ocultas de mis sueños, de las crónicas que se escriben todos los días, de asomarme por el ventanal de otras vidas, de las miserias humanas causadas por los políticos, de las consternaciones de un país que respira por el frágil cobertizo de lo que nos han dejado.
Ingresé a la carrera periodística y luego a la de letras y las calles se convirtieron en un cofre de secretos. La gente y sus ambientes ya no fueron iguales. Todo era punto de investigación, de ser observado, completamente narrable o armado para la poesía, para la memoria y la emoción. Todo era insistir en esta enorme selva de vidas que se unen y se separan, de momentos alegres y soledades, de nacimientos, estadísticas y muertes. De personajes provenientes de todas las raíces: del pueblo, de la política, de la literatura, de la lucha social, de la ciencia y la cultura. De sus vidas y sus afanes, de sus secretos, fines y coincidencias en torno al oficio de vivir, a las claves de lo que no se aprende en el aula.
Seres que se van de manera natural, pero también víctimas de graves descuidos, como las epidemias en zonas de gran concentración y la reacción tardía y autista de los gobiernos que necesitan vacunas para no sembrar el caos, o la violencia intensa de ésta y otras ciudades, con vidas hacinadas como objetos olvidados y envejecidos en un desván y en intensa descomposición social, en la cual los principios de antaño serían para muchos como muebles arruinados de uso extravagante, por culpa de una educación mal encauzada, por valores culturales desechables y debido a medios de comunicación, como la prensa y la televisión más preocupados por el rating o por vender y anunciar que por sembrar, de manera positiva, esos valores que han quedado cada vez más en el olvido. Tal vez por ello muchos diarios que no observan el interés real del lector por buscar la verdad y no sus propios intereses comerciales, políticos, de grupo, mezquinos, etcétera, se encuentren camino a la ruina. Ellos mismos están condenando su agonía.
En ese espacio como en éste, la ciudad vive atrapada en el tiempo, por una carátula con dedos, que nos retumba cómo vamos poco a poco muriendo, en medio de tanto fugaz día. Hace rato que mi ojo no sueña la brevedad del crepúsculo. Se está haciendo tarde y el ojo que no siento, con su ceguera de sombra me echa en cara todo lo que vio.
Una noche dramática un hombre de azul que debía procurar la seguridad de mi patrimonio y la paz en la ciudad nocturna, me asaltó y me lo cercenó de un tajo. De pronto en un instante me privó de la mitad de la vista e inexorablemente, como ocurre con quienes hemos sufrido la pérdida en algún órgano del cuerpo cambió radicalmente mi perspectiva y mi vida, desde cualquier ángulo que se le quiera ver.
Ocurre, si mal no recuerdo, como si de pronto te cayera fuego en la vista. Y el reloj parece haberse detenido en ese recuerdo. Me duele el flanco derecho: el golpe con la pistola del policía fue certero, milimétrico. Imposible no recordarlo. Se fueron a las sombras menos de la mitad de su condena programada. Después, al salir del encierro, vinieron las amenazas cual incendio voraz en inerme bosque. Mis hijas salieron del país como pájaros asustados. La familia rota, igual a la de tantos migrantes que intentan juntar los fragmentos de su mapa hogareño. El destierro como el tañer de una campana que ya no regresa. Lo grave es que esto le puede suceder a cualquiera y más en estos instantes de amancebamiento en el cual no diferencias fácilmente entre "buenos" y "malos".
A partir de esa noche, la más absurda y nebulosa de mi vida, el camino ha sido largo y sinuoso para encontrar la razón, la exigencia de la legalidad, la imparcialidad y la batalla contra la corrupción y a favor de una mejor seguridad para todos (que no llega), que incluye a nuestros vecinos, a los pobladores de este valle y de otras ciudades, a nuestros hijos y las generaciones que vienen. Es necesario evitar que lo ocurrido, en estos tiempos furiosos, se vuelva a repetir en nuestros hermanos, en nuestros colegas o en sus propios familiares.
Por el momento no contamos con recursos para emigrar, como fue el caso de mi hija Paulina. Es lamentable que un hecho acontecido hace quince años repercuta en el presente: cuando inició la administración de Marcelo Ebrard, como jefe de Gobierno de la ciudad de México, se percataron de múltiples órdenes de aprehensión rezagadas (¡vaya descubrimiento!) liberaron numerosas órdenes de aprehensión por delitos ocurridos el siglo pasado, entre las que estaba la de Óscar Ortega de Rosas, el policía fugitivo de mi caso.
Me enteré porque un grupo de judiciales me fueron a buscar a la casa en que habitaba en los noventa. Fueron varios testimonios que llegaron hasta mí y traté de buscar entre las autoridades una respuesta para carearme con el detenido y cerrar en definitiva el episodio. El caso fue que ni en la Procuraduría del DF, ni con Marcelo Ebrard, me supieron dar santo y seña, a pesar de que la gente del anterior procurador Rodolfo Félix Cárdenas aseguraba que Óscar Ortega de Rosas (uno de los involucrados en mi agresión) era el recluido, pero tal vez cuando dieron el parte desde arriba se ordenó no dar seguimiento al asunto para no escandalizar a la opinión pública.
Después todo fue como si el detenido hubiera sido liberado antes, bajo el pretexto de no existir parte acusadora y, por tanto, a pesar de mis deseos por cerrar los capítulos de la historia, no pude concluir con el caso. Era como si el pasado se restituyera en la memoria y nadie, por motivos de la corrupción o por negligencia, haga nada por impedirlo. La verdadera y real justicia parece ser una ilusión en esta tierra de simulaciones.
Atrás han quedado las preguntas que punzan dolientes: el ojo que esa noche dejó de brillar, esgrime dardos periódicamente, para que no lo olvide, sobre todo cuando asomo a un espejo y miro al Cíclope como los hijos de Gea y de Urano. Mis pensamientos son náufragos que se reconcilian con un mar de injusticia y que le duelen a tanto mexicano con saldos desfavorables, como abismos de miseria.
Mis ojos, los de ese tiempo eran dos capulines alertas, hoy sólo uno recuerda lo que ha visto. El ojo ausente ha llorado mucho sobre los versos que no ha repasado, sobre los libros no leídos, con una constancia de oquedad, en el que las ruinas de la justicia coronan las hojas del diario, mismas que usuran las emociones perdidas en los secretos del alma. En letras de sangre arribo y nadie oirá después este clamor en la patraña de que: ¡aquí no ha pasado nada!
La justicia mexicana, se vuelve una novia de blanco dejada sola en el templo. Una pulcritud en ruinas, en crepúsculo sin luces, es mirar sin las pupilas o detención sin criminal. A final de cuentas en este país la equidad es una isla, que aquí se llama utopía, con historias desgarradas que ansían quemar silencios. Sola cual suripanta, muchas veces la justicia permite salir al rufián, a cambio de unas monedas.
Mi ojo, el de otro tiempo, ese que ya no tengo, también se recuerda de todo lo que vio. Se ha invocado hoy esa fecha repentina, perceptible sólo por la sangre que encharcó la noche alada y se precipitó engullida por el abismo. Una negrura como sombra que enmarca mi lado derecho del rostro y que el sol desgarra de tarde en tarde pero que no logra encender. Sabe que nunca más volverá a ser. Por eso digo que mis ojos, los de otro tiempo, eran lo que ya no volverán a ser nunca jamás…
Por: Rafael Luviano
Como auténticos pandilleros, los partidos políticos, los grandotes y los chiquitos, libran una cruenta batalla campal. Con odio jarocho se tiran lodo, se pican los ojos, se dan patines en los bajos y gritan: ¡maldito perro, por tu culpa la droga llega a los niños! ¿Hablas de Fox?...¡Tú eres un inepto!!...¡¡Tú eres una rata!! ¡¡Tararan...hacemos ricos pastelitos!! ¡¡Matemos a secuestradores y asesinos!! ¡¡Legalicemos la motaaa y sacarracaaa...!!
¡¡Vota por el salvador de la humanidad, el machín anti narco!! ¡¡Jálale a la reata y ayúdalo!! ¡¡Salinas se robó la partida secreta!! ¡¡No cheto, don Mike está senil!! ¡¡Son acciones electoreras!! ¡¡No le des tu voto al crimen!! ¡¡Nop se lo des a los babas y cuenteros!! ¿El Místico es el Camaleón de Oro? ¡¡Los enmascarados no votan!! ¡Hermosillo transó a los medallistas olímpicos!! ¿Ya detuvieron al Chapo Guzmán y lo presentarán 5 días antes de la elección pero no le quitarán sus mil milloncejos de dólares? ¿Apresarán a sus insignes socios que les abrieron la puerta? ¡¡Todo es pirotecnia verbal y teatral para encubrir la crisis!! ¡¡Nuestro proyecto sigue vivo!! ¡¡Salvemos a México de tanto mafioso!! ¡¡Ahumada y Madrazo son literatos de moda!!
Así se la pasaban los partidos, entre insultos y broncas. Disputaban como fieras las prerrogativas del Instituto de Fechorías Elegantes (IFE, por sus siglas en español) y querían la mayoría de “salmones” legislativos, esos que luchan y nadan a contracorriente para llegar al Palacio de San Lázaro...¡¡sólo para echar la güeva!!
Doña Rucailita Pérez, quién votó por Adolfo López Mateos en 1958 en la primera contienda presidencial donde sufragaron las mujercitas mexicanas, se hizo pan-foxista en el 2000 por influjo del púlpito. Como otros que se fueron con la finta del “cambio”, estaba arrepentida de haber auspiciado una “comalada de nuevos y cínicos millonarios”. Ahora en el 2009 está en pie de guerra: ¡¡no votará nunca más!! ¡Está harta, hasta la mauser! ¡Detesta los pleitos, las mentiras y las promesas de campaña incumplidas!! Esas que se sueltan como arroces en una boda.
La tragedia de los niños de Hermosillo donde puros influyentes del PRIAN son los dueños del jacalón de la> muerte, le colmaron la paciencia. No era del CIDE ni del ITAM pero sabía que gobierno y partidos se apropiaron de todo e hicieron rehén de sus abusos al ciudadano al que sólo le doraban la píldora con la pretendida ¡democracia! Esa señorona a la que aluden para todo.
--¡En Salud, el Seguro y el ISSSTE no hay ni una méndiga pastilla pal’ dolor, ni alcohol ni camas en urgencias, pero cómo se tiran los melones en la política!– Gritó indignada doña Rucailita...—No votaremos mientras los partidos sólo jalen pa’ su santo--, dijo su nieto Juventino quien “trabaja” de payasito en la esquina de Misterios y Eulalia Guzmán. Los vecinos discutían ahí algo que crece y aterroriza a los políticos: ñacañaca...¡el “Voto en Blanco”! o lo que es lo mismo anularlo en un dejo de masiva protesta: Chispas! Qué buena idea--, dijo don Beto quien hace años inauguró una carretera que se deterioró de inmediato y luego lo corrieron de su chamba.
En su cabeza repasaba las cifras del terror político 2009: ¡12 mil millones de pesos para el IFE!; ¡2 mil para el TRIFE!; ¡15 mil para institutos electorales estatales!; ¡4 mil para comunicación de la Presidencia de la República! (que está en campaña) y ¡¡100 mil para la fallida> guerra contra el narco!! Sólo en esos dos rubros: ¡¡137 mil millones de pesos --¡¡Utaa!! ¿Y pa’ la gente?!!-- Preguntó doña Clarita Pérez...
Indignados ante los excesos, los vecinos advirtieron a los partidos políticos que iban a anular su voto el 5 de julio. --¡¡Quequeééééé!!--, respondieron éstos lanzando su grito al cielo. Pararon su pleito, apanicados hablaron entre sí, buscaron al IFE, su desprestigiado socio, y decidieron hacer una ruda campaña contra el “Voto Blanco” o nulo.
La desgastada palabra “democracia” sería conjuro y caballo de batalla. Antes que nada, la izquierda culpó a la derecha y la derecha a la izquierda del creciente movimiento pro “Voto Blanco”. Están totalmente aterrados y el pánico hace el milagro: ¡¡Los partidos políticos se han unido...contra los ciudadanos libres!!
Tomaron un acuerdo: ¡Hay que acabar con los alzados! Y empezó el ataque: Sodi: ¡son irresponsables!; AMLO: ¡son mafias!; Ebrard: ¡es un error!; IFE: no se vale perder lo ganado (¿te cae?); Clero político: todos a votar (por el PAN), qué “Voto Blanco” ni que nada...Ver para creer, hasta Marta Sahagún, proyectó un llamado a votar...No pos sí, ¿Y así quieren que la gente sufrague?
Lo cierto es que el “Voto Blanco” ¡saca chispas!! Pero para muchos no hay otra salida: carecen de mecanismos de protesta y ésta es una pequeña vendetta ante tanta estulticia, ante el hacer como que se hace, la impreparación de tantos y la falta de verdadero compromiso para resolver lo ingente, lo que realmente vale la pena, lo que debe estar en la bitácora de las políticas públicas. La verdadera reforma del Estado, la transición trunca, sólo enunciada, nunca empezada. Por eso para muchos nulificar el voto es la respuesta: ¿No lo crees justo?
La reflexión y el análisis son ejercicios fundamentales para comprender la situación política, económica, social y cultural que atraviesa México. Y crear los espacios para ejercer opiniones y generar debates en torno a los acontecimientos nacionales es una forma de fortalecer la democracia. Izquierda Democrática Nacional brinda este espacio para escuchar reflexiones, puntos de vista, críticas, sugerencias e inquietudes, en un marco de respeto y tolerancia hacia los demás.
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