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ANTONIO GAZOL

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Muchas gracias por esta invitación, esta oportunidad de reflexionar en voz alta sobre algunas ideas generales.He preparado algunas cuartillas para esta ocasión que he titulado “Hacia una Política Económica de Izquierda”. 

La construcción de un marco de política económica de izquierda debiera un lugar de la más elevada prioridad, entre los muchos desafíos que en el corto plazo ha de superar el Partido de la Revolución Democrática. 

Me refiero por supuesto, a una política económica de izquierda, moderna, factible orientada en definitiva a sacar a México de la lista de países subdesarrollados, en la que se encuentra desde su alumbramiento como nación independiente, no perdamos de vista esta premisa. 

México es un país económicamente subdesarrollado, también le dicen economía de desarrollo, economía emergente, que no deja de ser eufemismo, que no es un país desarrollado y los que nos son desarrollados, son subdesarrollados y punto. 

Y lo es desde hace 200 años, y esto lo digo para ubicar el problema y no para que se piense de ninguna manera, que a efecto este debe ser el destino  inmutable en nuestro país, quiere decir que el primer objetivo de la política económica debe consistir en procurar que los mexicanos, alcancen niveles de bienestar e índices de desarrollo humano, comparables con la de los países hoy desarrollados. 

Es evidente que para alcanzar el desarrollo, no podemos utilizar los mismos mecanismos que sirvieron a ese fin a eso países, entre otras razones, porque la sociedad y la geografía han cambiado y porque las circunstancias y las condiciones son las mismas a las prevalecientes cuando ellos, iniciaron su despegue. 

Pero algo que si nos enseña la historia, es que aun sin proponérselo, los países hoy desarrollados no esperaron a crecer, para luego repartir, no significa que la distribución de los beneficios del progreso hubiera sido equitativo o no hubiera obedecido a los mecanismos de acumulación y de apropiación, característico del sistema. 

Pero sí, este reparto fue menos desigual de lo que ha sido  en las economías menos desarrolladas, de manera que pareciera que existe una estrecha correlación entre su desarrollo y concentración de la riqueza, a menor  nivel de desarrollo, peor distribución del ingreso y la riqueza, en otros términos, desarrollo y equidad, no son objetivos incompatibles, al contrario, no se alcanza el desarrollo sin la equidad y esta para que sea auténtica, solo es posible en un escenario de crecimiento. 

Un segundo elemento a tomar en consideración, es la  economía internacional y la forma de inserción en ella, que puede y debe tener un país subdesarrollado, que se ha propuesto como máxima prioridad dejar de serlo. 

A riesgo de incurrir en un lugar común hay que señalar que la globalización,  mundialización o internacionalización es el rasgo  distintivo de la  comunidad contemporánea, no se dice que sea reciente, sí, que nunca antes había alcanzado la dimensión y profundidad que ha tomado desde hace 30 o 40 años, hoy la globalización  es un dato, existe, esta ahí, corresponde con el  desarrollo histórico de la forma productiva y no v}la van a detener ni manifestaciones de descontento, ni políticas endogámicas  de aislamiento. 

No se pueden enarbolar la bandera en contra de la globalización, pero si en contra de esta forma de globalización, lo que sí se puede y se debe hacer va en dos direcciones convergentes. 

La primera, trabajar por otro tipo de globalización en la que los países no  desarrollados sean verdaderos protagonistas y agentes de cambio, como lo están intentando Brasil, Bolivia o China, o en cierto sentido los países de la AIBA, lo que supone que las economías atrasadas, o en algunas de ellas que debe de estar México, sean capaces de lograr un acuerdo mínimo común, respecto de las  acciones concretas a seguir. 

La segunda dirección, por la que habría que caminar, consiste en definir la mejor manera de inserción en esta economía internacional mundializada, esto es, precisar los instrumentos de política económica interna que habrán de utilizarse para aprovechar las ventajas y oportunidades que ofrece al tiempo, que  aminora o compensa sus efectos negativos y en este campo hay mucho por hacer. 

En primer lugar, habría que emprender una política agropecuaria, y pesquera que se olvide de los  manuales elementales del catecismo neoliberal y parta de la realidad, los principales países agropecuarios del mundo, por el valor y la explicación de su producción rural, no tanto  por lo que este pesa en su Producto Interno Bruto, aplican programas de apoyo y utilizan mecanismos de comercialización para el sector, que en México han sido abandonados, por decisión propia y no por mandato de ningún compromiso de carácter internacional. 

En esos países, los apoyos al sector primario son encubiertos en lo general, bajo el inobjetable manto de protección al ambiente, para evitar las sanciones a las  que eventualmente podrían ser acreedores. 

En segundo lugar, el diseño y puesta en marcha de una política industria de la que carece el país, desde hace al menos 20 años, cuando empezó a circular la especie de que la mejor política industrial es la que no existe. 

Esto solo lo pueden afirmar los ignorantes, que confunden política industrial con las prácticas proteccionistas a ultranzas que sirvieron a México para no ubicar y para  bien la composición de su estructura productiva, pero que dejaron  de ser pertinentes a finales de los 60s.  

No conocen por ejemplo las lecciones del Nobel  Truman, insospechable el coquetear con el proteccionismo por cierto, cuando se refiere a la política industrial estratégica y cuando las sugiere a los propios países desarrollados. 

Habría de hacer una política industrial que rearticule las cadenas productivas destrozadas al cabo de cinco lustros, por ausencia de políticas, habría de hacer una política que multiplique el valor agregado de los bienes primarios que produce México, desde el campo…., la ganadería, pesca y minería, habría que hacer una política que apoye la y que se apoye en la innovación tecnológica, lo que precisa de una política educativa, que privilegia el gasto en universidades y centros de investigación y que más allá del discurso fácil para una efeméride consideré la necesidad de la ciencia y la tecnología  como esenciales para el desarrollo independiente de  México. 

A una política industrial de esta  naturaleza, habría de corresponder una política comercial también activa, que fuese más allá,  pero mucho más allá de la simple administración cotidiana de los tratados comerciales vigentes, en este terreno la prioridad es clara, el objetivo de una política  comercial para el desarrollo, no puede ser otro que la diversificación geográfica  de nuestras relaciones económicas internacionales, en particular, del comercio  exterior. 

El propio Banco de México al que nadie puede acusar de antipatía alguna hacia Estados Unidos, ha expresado recientemente que una de las causas  por las que México ha resentido en mayor grado el efecto de la crisis actual, radica en su excesiva dependencia respecto del mercado de ese país. 

Evidentemente que no se trata de aprovechar la ventaja comparativa que supone los tres mil kilómetros de frontera con el mayor importados del planeta, pero entre este extremo y el actuar como si el extranjero empezase y terminase en  Estados Unidos, hay un considerable margen de acción, la política de diversificación tiene que ver con la tecnología, el capital, los transportes  y se ha demostrado que no puede estar dictada por el mercado. 

Estrechamente vinculado  con lo anterior esta lo relativo al futuro de la integración económica de México con América del Norte, que de manera inercial y más allá del TELECAN, se está dando sin que las autoridades hubieran señalado quién, cómo, en qué dirección y para qué se gobierna ese proceso. 

El tema trasciende los ámbitos industrial y comercial, y tiene que ver con cuestiones financieras, de inversión, laborales, ambientales, energéticas, entre otras, es urgente hacer lo necesario para evitar que la integración se convierta en la absorción de la economía más débil, por parte de la economía más poderosa, y hacia ya vamos si no lo hacemos a tiempo. 

La definición y puesta en práctica de políticas activas,  estratégicas para el sector rural, para la industria y para las relaciones económicas con el exterior, reclaman con la presencia del Estado, como protagonista y no sólo como espectador  o encargado de la escenografía. 

La  acción del Estado no se limita, no se debe limitar a administrar la política fiscal y monetaria, ambas políticas han de estar al servicio del desarrollo y no al revés, es necesario incluir al desarrollo y no al revés. 

Es necesario incluir al desarrollo económico como el primer y  más importante objetivo del Banco de México, actualmente constreñido por ley a dar solo estabilidad de precios aún a costa del crecimiento y del progreso. Es también necesario que la política fiscal no tenga al equilibrio como propósito esencial casi único, por supuesto, que no me inclino por la irresponsabilidad hacendaria y por no actuar de manera adecuada a fin de  evitar alzas indeseables, en ingreso general de precios, pero tampoco es aceptable que se sigan confundiendo a ambos instrumentos de política económica con los objetivos de esta. 

Habrá ocasión en la que sea necesario y aconsejable para fin de desarrollo rebajar la política inflacionaria y las habrá en que lo pertinente, pueda poder hacer incurrir en déficit fiscal. 

A las únicas que no les satisface un enfoque  como el desglosado, es a las agencias calificadoras internacionales, esas que cuantifican el riesgo país, las mismas que han puesto de manifiesto su absoluta inefectividad en ocasión de la crisis financiera internacional y que, en rigor solo trabaja con el propósito de satisfacer los intereses de los grandes especuladores de corto plazo. 

Es para ellos, para los que se hace política económica en México, eso es lo primero que debe de cambiar, la tarea es compleja, implica concretar estas ideas  de carácter general y convertirlas en programas específicos, lo que probablemente podría empezar hacerse, mediante la convocatoria a seminarios temáticos, de análisis y discusión de aquellos temas que se definan como prioritarios. 

Como economista soy dado a los supuestos, y en esta  ocasión me gustaría partir del supuesto de que hay voluntad política y  altura debida para construir una propuesta posible de política económica de izquierda en México. Muchas gracias.

Actualizado ( Lunes, 28 de Septiembre de 2009 11:56 )  


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